Ahora cuando tantos alumnos en el mundo han debido quedarse en casa y han continuado su educación sentados frente a un computador recuerdo con vergüenza, debo confesarlo, que asistí incrédulo y escéptico al grado de mi hijo en los Estados Unidos. Su diploma decía Master en Acústica Digital y cursó de manera virtual los semestres. Yo no creía en la rigurosidad de la su preparación académica. Hoy,  soy testigo de su éxito profesional. Y ha sido este posgrado su carta fuerte en el currículo que presenta. Ahora,  soy y seré un defensor imperecedero de esta herramienta como estrategia de estudio. Desde ahí, cuando le das clic a tu ordenador, abres la ventana al mundo, a la globalidad, al infinito…

Un docente en un aula física también te puede hacer soñar con mundos imaginarios…pero es que con el computador los ves, los escuchas, los sientes!…y si algo te perdiste, o quieres volverlo a ver, esa máquina te lo permite.

Con la educación virtual miles de contenidos están disponibles siempre sin límites de espacio o de lugar. El estudiante virtual, sin tener que salir de casa, sin exponerse a la calle o a los tantos inconvenientes de transporte, salud, clima…y desde la comodidad de su hogar puede hacer el programa que desee… Gracias a Dios, el Gimnasio Bolivar existe y desde su creación se anticipó al tiempo y a las terribles circunstancias actuales abriendo sus páginas y  aulas digitales a estudiantes de la ciudad y de afuera que necesitan y confían en su experiencia y virtud profesionales. De primera mano sé que allí cada alumno es importante, es querido, es aceptado como es u desde ahí se inicia su proceso de formación. Gracias Gimnasio, gracias queridos profesores, gracias doña Kristel, su rectora. Un abrazo y acá les dejo mi testimonio como padre de familia.

Oscar Montoya.